Hay noches
como fuerzas ocultas
que se desatan,
como manadas de tigres
hiriendo a la luna
con sus fauces de plata.
Hay noches
como caballos que escriben
con letras homicidas
escondidos en los cauces
secretos de la miseria.
Noches
humeantes de frívolos
recovecos de muerte
que absorben el desacato
de la música de las aves
nocturnas.
Hay noches
que se precipitan
sin conocer el fondo
de sus letrinas de silencio.
Allí se esconden
siempre
los abominables
contempladores
de la desolación.